19 abril, 2006

Anécdota cotidiana.

Llegó casi detrás de mí y ocupó la cama contigua de aquella habitación de hospital. Su complexión era delgada, y su melena aparecía dispersa formando una débil capa ausente de higiene. Su edad podría ser igual a la mía, pero su rostro marcaba sufrimiento. Al poco de estar juntas sabría por qué.

Cuando la doctora entró se aproximó a su cama porque estaba situada la primera desde la puerta. Mi curiosidad pensó únicamente en sus síntomas porque suponían un nuevo conocimiento sobre otra enfermedad. Algunos de sus síntomas eran similares a los míos, pero ella los sentía más intensamente. Un hombro dolorido, unas manos que producían aullidos de sufrimiento ante el mínimo roce y una frustración que volcaba en los ojos de una doctora que escuchaba con preocupación todos aquellos lamentos. Para Estrella resultaría difícil transmitir con palabras la esperanza de una mejor calidad de vida, pero debía hacerlo para infundir aliento a la paciente. Seguramente son muchos los momentos que, aquéllos que profesan la medicina, tienen que combatir a diario dolor con palabras y tranquilidad con tratamientos...

Cuando Estrella salió de la habitación nos dejó de regalo palabras cargadas de cariño y firmeza que sirvieron como punto inicial de una conversación basada en lo escuchado por ambas partes. Elena me preguntó:

- ¿Escribes?
- Sí, me gusta.
- Yo estoy apuntada en un curso de escritura.
- ¡Anda! ¿qué tipo de escritura?
- Pues… creativa. La normal.
- Aja…
- El problema es que hace más de un año que no escribo. Mis manos no me permiten sujetar un lápiz y mis dedos no me permiten escribir en ordenador, pero me gusta ¿Qué se puede hacer cuando lo te gusta no puedes realizarlo por el dolor que conlleva?


Desde ese momento Elena comenzó a narrarme las vicisitudes que tiene que encontrar en actos que a todos nos resultan cotidianos: Ducharse, vestirse y alimentarse. Elige blusas porque sabe que cuando intente quitarse un suéter sus articulaciones no se lo permitirán sin cobrar un precio por ello, sus manos refrenan el placer de poder ofrecerle un desayuno a su hijo y renuncia a comer por no poder abrir la nevera. A todos nos resultan actos habituales en la supervivencia del día a día, pero a Elena le suponen un reto.

Ella tiene una enfermedad que ataca sus articulaciones porque padece Artritis Reumatoide, pero la lista de enfermos se engrosa por multitud de personas que vivimos en este planeta. Con el paso de los años surgen nuevas enfermedades, y algunas son de sobra conocidas: Cáncer, SIDA, Lupus, Esclerosis, Octeogénesis, Síndrome de Apert… La diferencia estriba en terminal o crónica. Algunas se presentan de manera terminal porque los estudios sobre ellas aún son desconocidos para atajar rápidamente los síntomas, y las crónicas luchan contra el tiempo para conseguir una mejor calidad de vida. Unas acaban contigo, y otras conviven a través de los años en tu persona, carácter y pensamientos.

Cuando alguien te cuenta su enfermedad es difícil transmitir esperanza en palabras que salen entrecortadas, y la comprensión debe mostrarse con cariño, ternura y un trato “sano”. No debemos olvidar que es una persona enferma que también sueña y sonríe, manteniendo anhelos para un futuro próximo y guardando energías para derrocharlas en los momentos felices, que sigue necesitando ayuda en los agravamientos de su enfermedad.

Elena podemos llegar a ser todos los que portamos una enfermedad, y la templanza de Estrella pueden tenerla todos aquellos que se encuentran sanos.




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07 abril, 2006

El paseo

Voy caminando de manera pausada por el muelle. Admiro los barcos anclados y me pregunto si esa barquita de apariencia frágil podrá surcar los mares cuando están embravecidos. Hace frío y mis manos recuperan una chaqueta fina que llevo sobre los hombros. Cuando salí de casa pensé que el buen tiempo me acompañaría y, efectivamente, el sol ha surcado todos los caminos hasta mi destino pero la brisa que ofrece el amplio horizonte que diviso, en estos momentos, enfría mi piel.

La temporalidad ha sido olvidada cuando cerré la puerta de casa. Quiero estar sumida en mis pensamientos y dejarme mecer por el viento. Me acompaña la soledad y disfruto con su presencia. Mi atención es reclamada cuando observo algunos propietarios de los barcos fastuosos que permanecen anclados con paciencia y calma en el puerto. Los hombres rudos que tienen que batir todos los días al destino navegando por unas aguas que les proporcionarán los alimentos para subsistir, no están. Los hombres que veo están bronceados y visten deportivamente ocultando su poder en esta vida. Las marcas de todo cuanto les rodea así me lo dice. Las joyas bañadas en el rico metal de color dorado que lucen las mujeres emiten destellos de grandeza y, durante unos segundos, mis ojos se bañan en ese colorido.

El paseo está resultando íntimo y tranquilo. Mis sentidos se agudizan ante el mínimo vuelo de un ave, y el espíritu medita junto a mis pensamientos. Unas tablas sobresalientes del camino ordenan que frene mis pasos y el cuerpo reacciona ante la orden de forma pausada, pero decidida. Ahora mis ojos están a la altura de las partes traseras de esos barcos que, incongruentemente, son las puertas de entrada. La mirada se pasea por sus cascos blanquecinos y relucientes, el sentido del tacto busca tocar el frío metal que sirve de barandilla y mis pies huyen del agua porque quieren visitar ese paraíso inalcanzable. El cuerpo reacciona ante la demanda y camina en dirección contraria. Mente y cuerpo comienzan a dialogar sobre ese presente-futuro increpando los momentos que pudieron llegar alguna vez, pero que nunca lo hicieron. El cerebro no sabe a quién debe darle fuerza porque se debate entre pensamientos y movimiento, pero una centésima de segundo es suficiente para impulsar al cuerpo a soñar.

El camino a la popa es fácil. Basta con dar un paso más y la fría sensación de la barandilla estará bañando la palma de las manos. El silencio reina en toda la nave y esa sensación acompaña para sentarme en la cubierta observando el vuelo de las aves. La mirada se pierde en el cielo y la piel se baña del olor a mar. Los pensamientos decrecen y la libertad aumenta. Los ojos se cierran ante tanta belleza y la relajación produce calma entre mente y cuerpo.


Resulta placentero disfrutar de todas esas sensaciones...


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31 marzo, 2006

El Sí y el No

Eres una espina que divide la mente en dos partes individuales. El Sí y el No.

El Sí grita y desea cuando estás cerca añorando recuerdos que escapan fugaces en el tiempo. Colma de carencias el espíritu e invade de plenitud todo el ser. La mente transforma los pensamientos en palabras y expresa sentimientos que han permanecido escondidos por miedo a salir dañados. El olvido huye alojándose en pequeños recodos del camino, pero se mantiene alerta ante el mínimo cambio de actitud para salir a la luz de nuevo. Una dependencia inexistente que no puede controlarse cuando el galope del corazón es sonoro y fuerte.

El No descubre nuevas facetas incomprensibles en tu persona y deja al descubierto una inseguridad aterradora que transformas para quien no te conoce. La arrogancia campa a sus anchas con la plena libertad de no tener trabas para plasmar el dolor allá por donde te paseas. El interés mueve tus acciones sin importarte las consecuencias que derivan de ellas porque la superioridad inunda tu mente. La sinceridad es tu aliada en la vertiente dañina porque tu boca huye a la hora de pronunciar halagos que puedan inducir al cariño.

Sopesar el Sí, o el No, se convierte en un olvido presente. El disfrute se vuelve amargo cuando entras en la mente, y el dolor se alivia cuando se escucha tu voz. La grandeza es innata y, por tanto, no se adquiere en las idas y venidas de la vida. El respeto otorga plena libertad para dialogar cuando las palabras existen y los hechos confirman ese derecho, pero la ignorancia también es innata.


Las actitudes de los seres humanos pueden usarse para beneficio y prejuicio de todos cuantos nos rodean, pero es preciso conocer de antemano la respuesta de tales acciones. No infravaloremos a las personas por alguna actitud que no es de nuestro agrado, ni sobrevaloremos por actitudes fantasmas. Con el paso del tiempo todo se vuelca hacia nosotros. No inventemos diablos o ángeles porque las actitudes de cada uno sean distintas a las nuestras, pero no debemos olvidar que nadie quiere sentir en sus carnes aquello que no desearíamos para nosotros mismos.




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07 marzo, 2006

Víctimas del terrorismo

Es una verdadera lástima que un asunto tan serio como el terrorismo sea utilizado como arma de doble filo por los políticos. Si preguntásemos a las víctimas en quienes piensan cuando unas balas les hieren, y unas bombas les matan la gran mayoría respondería que... precisamente en ellos, en los políticos.

Las ideas políticas siempre han sido las promotoras de la violencia. Izquierda y derecha. Dos extremos opuestos desde que el mundo es mundo. El ideal político siempre ha tenido fuerza aunque fuera de un extremo u otro. Los bohemios pueden soñar en lograr los ideales puros de la política, pero las generaciones presentes entran en el juego del todo vale incluido el terrorismo.

La política es necesaria en un país porque, de lo contrario, reinaría el caos. Pero las víctimas del terrorismo sólo saben lo que ocurre en su vida diaria. Es un padre de familia, una madre que lucha día a día o un niño que tiene toda la vida por delante. Son pintores, catedráticos, profesores, militares, políticos, peluqueros, enfermeros pero, sobre todo, personas.

Las clases políticas no pueden jugar verbalmente con algo tan serio como son las personas. A todos nos importa si un preso que arrebató la vida a cientos de personas saldrá, o no, de la cárcel. Si sale de ella volvemos a situarnos en un punto de mira… más, y si pensamos en esta situación más veces de las debidas no vivimos. Vivir resulta necesario. Los políticos no deberían utilizar los lamentos de alguien que permanece con vida, ni los recuerdos de alguien que ya no está para conseguir más votos. Estas situaciones hacen detestar la política.

No debemos olvidar que las víctimas elegidas al azar, por la mente de alguien que no mereció nacer, podemos ser todos.




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06 marzo, 2006

Amor

Dime donde puedo hallarte y te buscaré desesperadamente. La soledad cobra más fuerza con el tiempo, y esa situación consume poco a poco. Ansiedad de tenerte cerca para poder abrazarte, melancolía de sonrisas compartidas y confidencias acompañadas de caricias.

Estás escondido en algún lugar secreto y fuera de mí vista. El tiempo pasa mientras te busco y va deteriorando pequeños detalles. La ingenuidad rebrota y es acallada por extrañas voces que son desconocidas para mí. El miedo huye despavorido junto a los temores, y la apatía acompaña cada paso que doy. Quisiera encontrarte para desearte lo mejor y sentirme acompañada de tus silencios. Un pequeño roce con mi piel hacía saltar chispas y aquello me daba vida. Te fuiste dañando y, sin embargo, te espero con las puertas abiertas de par en par. Querido amor ¡que dañino puedes resultar a veces!
Nos embobas con tu halo de sensualidad y nos transportas al séptimo cielo. ¿Cómo no voy a desear que vuelvas? Lo desea mi cuerpo y mi mente porque les son necesarios. Con tu presencia reboso vida, y creatividad. No deseo que te claves profundamente dentro de mi corazón, pero quisiera sentirte una vez más. Cuando fluías por mis venas recibía placeres olvidados y era difícil tenerte lejos, pero el premio de recompensa fueron las espinas. Antes de nacer determinaste que mi camino iría pegadito a ti, pero no preguntaste antes de acaparar tanto corazón.
¿Dónde estás? Navegas por otros mares que embriagan tu mirada, y no reparas en mi búsqueda. Te dije adiós con lágrimas en los ojos y un vacío dentro de mí. Deberías conocerme ya porque son muchos años juntos. Mis despedidas no son eternas y siempre recibo con los brazos abiertos. Acojo de buen grado los pequeños detalles que vas enviándome, pero vas dosificando sensaciones que resultan placenteras. Mi vida siempre ha sido tuya, aunque me negara a ello, y jugueteas con ella según te conviene.
Has sido amado y odiado con todas mis fuerzas porque la entrega se hace de una vez. Recibí, en muchas ocasiones, tus descargas enormes de felicidad, pero aquello quedó en el olvido. Sólo te pido un deseo, aunque sé que cuando vuelvas intentarás engañarme con más, pero quisiera que entrases de forma tranquila para ir deleitándome con tus pequeñas ráfagas de cosquilleo. Acude de manera agradable y placentera guardando rencores y miedos. Cuando estés anclado en mi piel, tus pequeños defectos irán acompañados de comprensión y cariño. No lastimes mi espíritu de nuevo porque el tiempo va pasando, y las ilusiones se alejan cada vez más.
Querido amor, entra en mí y sabré darte la mejor de las acogidas.






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19 febrero, 2006

Escritura

Llevaba retozando una pasión dentro de mí durante bastante tiempo, y hace un año decidió expandirse.

Hace un año comencé un proyecto que me pareció un mundo entero. Expresar con palabras recuerdos, sensaciones, miedos, esperanzas… Aquél proyecto se convirtió en un libro basado en una larga entrevista con un lobo. Fue fácil recuperar los recuerdos que aún bullían dentro de mí como rescoldos, las sonrisas aparcadas en el tiempo hicieron que florecieran en el presente y planté cara a los miedos y angustias que forzaban por salir. Hace un año comencé a escribir La Montaña del Mañana, y un año después sé con certeza que verá la luz presintiendo que la continuación será lo más difícil.

Me gustaría el trato de joven escritora por mi poca experiencia con la escritura, y no por la edad propia. La escritura es un arte que siempre ha sido utilizado como medio de comunicación. Un mundo que tenemos al alcance de nuestras manos pero que, sin embargo, no llegamos a tocarlo, observarlo y profundizar en él en la mayoría de las ocasiones. Desde pequeños aprendemos las primeras letras, comenzamos a encadenarlas para formar palabras y con el paso del tiempo aprendemos a utilizarlas.

El exterior se compone de muchísimos elementos que sentimos, tocamos, olemos y vemos. Los sentimientos son profundos y, como tales, les cuesta salir al exterior no siendo con caricias, besos, miradas y sonrisas. Los elementos son tocados de forma material, oliendo lo superficial y viendo lo que queremos ver. Nos resulta más difícil cuando llega el momento de expresar sentimientos con palabras, pero si profundizamos hasta lo más hondo son encontrados.

Amar es sentirse dichosa en un océano de felicidad, encontrar un refugio para los aguaceros y disfrutar de una compañía que proporciona paz. Llorar nos resulta angustioso por el dolor que oprime nuestro interior, pero las lágrimas apaciguan la quemazón arrastrándolo. El miedo queda reflejado por la incertidumbre de abrir una puerta y no ver una salida para los temores, inseguridad y desconocimiento. Reír es sentir una fuerza arrolladora que lucha por salir de nuestra boca porque son burbujas chispeantes que se adhieren a nuestros músculos provocando espasmos de felicidad. Añorar nos trae abatimiento interno pero, a la vez, evoca recuerdos de una manera tranquila, pausada y sin daño.

Poder escribir como son los sentimientos hizo que pensara en ese proyecto para mostrar mi ayuda a personas indefensas. Era necesario escribir coraje y lucha con palabras pero, a la vez, debía escribir sentimientos mostrando mi esencia. Los sentimientos duelen, pero también regalan sonrisas. Esa experiencia ayudó a redactar cada línea, y gracias a ello quedé prendada de la escritura. Hubo anteriores encuentros con ella, pero la pasión surgió con La Montaña del mañana.

Desconozco el tipo de relación que llevaré con la escritura en un futuro porque todo cuanto ocurra mañana es incierto. Si los sueños hablaran limpiarían matorrales de nuestro camino, pero es necesario que lo hagamos con nuestras propias manos. La pasión por la escritura existe, y es visible para mí porque lo siento. Allá donde vaya me acompañará... eternamente.


Nada es eterno, pero es mi esencia.



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14 febrero, 2006

Un Cupido con aureola

Estaba abatida pero tranquila. Las horas pasaban y no obtenía ningún movimiento a su alrededor. La fecha marcada en el calendario era San Valentín. Un Cupido con aureola que pregonaba el amor.

Sus pensamientos negaban el hecho de obligar a alguien a sentir amor, pero sus sentimientos pedían a gritos una demostración. Anhelaba escuchar el sonido de su teléfono irrumpiendo en llamada, o alerta de mensaje. Cuando el abatimiento caía sobre ella miraba fijamente ese aparato colocado frente a ella, pero transcurridos unos minutos la paz se adueñaba nuevamente de su espíritu. Mentalmente se preguntaba una y otra vez ¿Tendré algún amor que me haga sentir cómplice de sus sentimientos, vibrar con una mirada, disfrutar de todos los momentos de compañía y transmitirme confianza?

Resurgieron imágenes de amores lejanos que fueron queridos, amados y deseados rememorando épocas felices. Recorría el presente y hallaba amor, pero expresado de distinta forma porque lo sentía por distintas corrientes; el amor de un hijo, de una familia, los amigos… Recibiendo todo en conjunto se sentía agradecida, pero buscaba un eslabón perdido.

Cuando era consciente de ese eslabón el abatimiento llegaba a ella, pero la tranquilidad acudía a su encuentro rememorando cada uno de los amores que recibía en su entorno.


Apuntó mentalmente una cita para el siguiente año. Un Cupido con aureola que pregonaba amor: San Valentín. Porque el amor puede expresarse de muchas maneras.

10 febrero, 2006

Querido lobito

Estás ahí dentro de mí utilizando tus garras, tus dientes, tu fuerza para vencerme y para dañarme. Hasta el momento llevas unas cuantas partidas ganadas, no todas, pero sí algunas. Pero ¿sabes lo que pienso? que ¡ya está bien de darte el protagonismo! A fin de cuentas ¿qué eres? un lobo. Un simple lobo.

Nos quedan muchas batallas que librar aún contrariamente a lo que yo quiera. Escucho tu aullido, de vez en cuando, para que te sienta... sí, lo sé, soy consciente de que estás ahí, pero ¿qué quieres? ¿Qué te rinda pleitesía y viva exclusivamente para ti? Tú vive dentro de mí como ya llevas haciendo unos cuantos años... el resto déjamelo a mí.

Sé que todo lo que siento en mi interior lo sientes tú. Sabes como sufro cuando atacas, eres consciente del olvido que te tengo en numerosas ocasiones y con todo esto no pretendo echarte, no, porque sé que no te irás, pero querido lobo no eres nadie para mí. Estás usurpando un sitio que no te he concedido, que nadie te ha otorgado pero tú, sin embargo, continúas ahí. Vive y lucha dentro de mí, pero te advierto una cosa: Yo también lucharé no dejándome vencer porque usaré todo lo que esté a mi alcance para ello.

En confianza, ¿sabes una cosa? No estoy sola en esta batalla porque son más de uno y de dos los que quieren verte vencido. Personas y elementos de todo tipo. Las personas luchan con lo que ellos creen es lo mejor y lo más necesario: su apoyo, amor, formación e inteligencia y les demuestro mi gratitud queriéndoles. Me resigno ingiriendo los elementos porque, no siendo los más puros y sanos, resultan efectivos contra ti agradeciendo su presencia.


Te preguntarás en este momento -¿Para qué tanta lucha, sacrificio y control?-, ¡para dormirte! Cuando sienta tus ronquidos y note que estás indefenso, querido lobito, ¡iré a por todas en la vida! Te consiento que andes merodeando en lo más profundo de mí porque, a fin de cuentas, soy consciente de tu presencia al dejarte sentir, pero debes llevarte algo en cuenta lobito, de esta manera, yo soy la más fuerte. Querido lobito elige: merodeando o durmiendo. El tic-tac del reloj sigue su curso y te aseguro que paciencia... aún me sobra.

Celia

Celia es su nombre. Una mujer floreciendo de un cuerpo de niña, y una niña viviendo en el cuerpo de una mujer.

Su rostro simpático incita a la sonrisa, y su manera de expresar anima para escuchar. Cuando camina imaginas tener delante a una gacela por sus movimientos ágiles y su figura esbelta. Su mirada irradia luz y su cuerpo juventud. Divino tesoro.

Una mujer inteligente de mirada tierna. Soñadora porque su edad le permite viajar más allá del final de las nubes, y consecuente con el día a día. Responsable e infantil. Una mujer que disfruta en los pellizcos felices que ofrece la vida, y que lamenta cuando llega el dolor.

Estas palabras expresan y reflejan la personalidad de una mujer que, además de ser joven, es bella.


-Pásame –me dijo una mañana-, pásame algún escrito para leérmelo.

Así han continuado más escritos que lee con avidez mientras regresa al hogar. Las palabras acompañan su viaje, y por la mañana temprano emite sus comentarios. Cuando escucho sus palabras su mirada transmite alegría, y sus gestos le acompañan.

No sabemos cuando nuestras sonrisas serán separadas por el destino caprichoso, pero resulta reconfortante saber que mis palabras le acompañaran allá donde esté.


Así es ella. Así es Celia.

Reflexión

Una mujer enferma de corazón y mente recibe tratamiento en un psiquiátrico. Escuchar sus palabras provoca dolor y ganas de ayudar a toda costa. Todas las mañanas se mira al espejo sin encontrar a nadie al otro lado. Sus pensamientos están con su hija y con su único amor pero no espera nada de la vida porque, hasta el momento, sólo ha recibido sufrimiento. Va contra natura que la muerte de un hijo anteceda tu muerte, según los psicólogos es el dolor más profundo que puede sentir el ser humano, pero la vida continua. Una vez superado el dolor interno aprendes a vivir con él y se agradece un poco de felicidad pero la vida, a veces, es injusta. Ha vivido media vida y sólo ha podido sentir y disfrutar de los pequeños placeres que ofrece la vida a ráfagas. La negación a vivir es la antesala de la muerte.

Nadie pide venir a este mundo, pero si a ella le hubieran dado la oportunidad de elegir seguramente hoy no la conoceríamos. Sería justo que si vives media vida sufriendo la recompensa de lo que queda por vivir sea la felicidad, pero existen muchas personas que no saben aún lo que significa esa palabra.

El comportamiento de algunas personas incita a reflexionar sobre la vida y las pruebas que nos depara, en ocasiones, el destino. Una situación extrema puede llevarnos al olvido hasta de nosotros mismos, pero debemos tener en cuenta que nacemos, vivimos y morimos una sola vez. Nuestro ciclo vital termina ahí. Cuando nacemos no somos conscientes de todo cuanto ocurre a nuestro alrededor porque nos guiamos por el olor y buscamos protección. Según vamos creciendo la ternura va ocultándose y vamos sumando experiencias a la vida. Al final de la larga etapa reside la sabiduría por los conocimientos adquiridos en el camino. Las experiencias vividas son buenas y otras no tanto, pero el mayor error que podamos cometer es olvidarnos de vivir. Siempre resultará más beneficioso aprender de los errores que ignorarlos.

¿Cómo se puede infundir ganas de vivir? ¿Cómo puedes explicar con palabras algo que bulle de manera natural pero que, sin embargo, muchas personas carecen de ello?

08 febrero, 2006

Homo homini lupus

Siempre está en boca de todos, pero en los últimos días el transcurso de los acontecimientos provoca miedo. Una caricatura ha sido esta vez la causa, pero para determinados grupos de personas cualquier excusa resulta válida. El fundamentalismo, fanatismo y radicalismo nunca resulta beneficioso. Da igual el extremo que quiera tomarse, ya sea político, religioso... Un fanático del fútbol también puede herir cuando alguien increpa a su equipo. La falta de razón es la causa dañina.

Siempre mencionamos autoestima como una actitud, o valor positivo para el ser humano, pero no debemos olvidar el autocontrol ante determinadas situaciones. Resulta asombrosamente gratuito poder quitar la vida a alguien. La violencia puede utilizarse en cualquier sitio y situación. Los casos de violencia doméstica son, desgraciadamente, el pan nuestro de cada día, el resurgimiento de grupos violentos formados por bandas callejeras es otro punto amenazante a tener en cuenta, los que siembran el terror a través de sus atentados terroristas... el fundamentalismo islámico.

¿Qué sociedad vamos a dejarles a nuestros hijos?

Cada día que pasa voy dándome cuenta de la acertada frase: Homo homini lupus. Cuando queda reflejada en actos deplorables como los que hacen los grupos o personas mencionados siento desprecio por el ser humano. Haría falta humanidad en primer término, pero algo fundamental como el respeto ha quedado relegado en el baúl de los recuerdos. Hace falta que muchas personas vuelvan a nacer para comprender derechos tan fundamentales como el derecho a vivir.

A mi hijo

El amor de una madre se siente, se respira, se ve.

La sensación tan maravillosa que se siente hasta dentro cuando él te mira, te sonríe, te arropa con sus pequeños brazos, cuando ves la admiración hacia ti en sus ojos... cuando se enfada y se molesta por algo. La mirada que transmite me recuerda a mis años pasados y vividos porque, en numerosas ocasiones, es mi viva imagen.

Quiero transmitirle humanidad, confianza, ingenuidad, sensibilidad, ganas de vivir, inteligencia, alegrías, temores, dolor, sufrimientos, lágrimas… Quiero transmitirle todo, tanto lo bueno como lo malo porque las condiciones esenciales de todo ser humano es sentir todo en conjunto. Prefiero que comience su andadura sintiendo todo a la vez porque, de esta manera, cuando ambos momentos lleguen sabrá sacar provecho. De los buenos disfrutándolos al máximo, y aprendiendo de los malos.

Cuando le veo crecer cada día imagino su rostro con algunos años más, y la sensación tan maravillosa que puede dar el sentirte orgullosa de ese ser, te invade. Será guapo, sí… en la etapa adolescente con algún granito de más y una pizca delgado, pero si cumplo el papel de madre será un adolescente feliz, triste, ilusionado, ensoñador, abatido… Cuando sienta una y cada una de las sensaciones que puede llegar a sentir un ser humano será un ser maravilloso porque habrá comenzado a disfrutar de lo que es estar vivo.

07 febrero, 2006

Magia para ilusionar

Me gustaría ser Reina Maga. Repartir ilusiones soñadas, y reconfortándome con los gestos de sorpresa y alegría que expresamos cuando abrimos un regalo.

Me gustaría poseer magia para dar a cada uno lo que sueña. Esta noche, precisamente esta noche, quisiera sentir la magia dentro de mí. Con un simple chasquido quisiera enviar algo que hiciera feliz: una sonrisa, una mirada, unas palabras… no es nada material que pueda tocarse, pero lo siento… no hay más. No busquéis porque el saco está vacío. Quisiera tener magia, pero aún no la tengo…

Cuando termine de escribir estas palabras dedicaré mis siguientes minutos a envolver el regalo para mi hijo. Sólo es uno, y encima no es mío… Uff estas navidades han venido flacas.

Esta noche me gustaría tener magia precisamente para eso. En primer lugar para mi hijo porque desearía que mañana por la mañana encontrara más regalos debajo del árbol. Ya tiene ocho años y han sido los mejores años de mi vida. Desde el momento que nació llevo regalándole con orgullo la magia de una noche de Reyes. Él me produce amor, caricias, palabras sacadas del fondo de mi corazón, y alguna que otra reprimenda para que sepa enfrentarse a la vida cuando así lo decida por su cuenta y riesgo. Le quiero y le adoro. Es mi tesoro.

En segundo lugar me gustaría tener magia para poder saldar una hipoteca, transmitir una sonrisa y aplacar una tristeza. Dar aquello que se anhela, y que nos niega la vida diaria. Me concentraré para recibir la magia, pero no prometo que llegue…


Me gustaría ser Reina Maga…