Rota y desgajada. Así me siento hoy. La ilusión, sí, esa que aflora por mis poros de forma permanente. Hoy se ha ido, hoy me abandonó. Quiero sujetarme al extremo de la cuerda que me ayude a alcanzarla. Pero no puedo. Llevo intentándolo desde bien temprano, pero no hay forma de conseguirlo. Es un día gris, dentro y fuera de mí.
Analizo mis pensamientos una y otra vez, pero lo único que me permite la mente es transmitirme tristeza. Necesito llenar mis pulmones de aire, hasta que ya no pueda más y liberar en cada suspiro el dolor. El dolor por sentirme vulnerable, demasiado vulnerable. Una simple brizna de aire, hoy, puede tumbarme. Puede hundirme un poco más para cerciorarse que me acerco a la tristeza en su cara más profunda.
Quiero luchar por salir, pero mis fuerzas abandonan cada intento. Arrastro mi corazón y lo cuido. Debo fortalecerle, una vez más. Debería estar acostumbrado a estos envites, pero creo que peca de presuntuoso pensando que la zona ya tiene su barrera de seguridad. Esta vez, no ha sido así. Una nueva derrota en la batalla de la vida y en los combates de vivir. Me pregunto sí será la última, de ahí que quiera comenzar desde cero la siguiente barrera. Una zona de auto-protección. Para curarme en salud de los pies a la cabeza. Algo que, en su día, alguien me criticó.
Es necesario tenerla para no sufrir. Para que salgan sonrisas, en lugar de lágrimas. Para que tu sombra no vaya arrastrándose sin ganas. Para que tu corazón se rearme, de nuevo, y pueda afrontar más combates. Porque, vendrán más. De igual índole, o distinta, pero vendrán.
Todos tenemos combates en la vida, todos. Y aunque el trasfondo no sea igual, hay pocas temáticas. La vida arremete, de vez en cuando, y el reto consiste en superarlo.
Es duro tener que decir adiós a una persona amada, querida, y saber que no volverás a verla en esta vida. Una ausencia definitiva.
Duele cuando ves que te quedan horas para disfrutar de tu casa, esa que has ido pagando con sacrificio y compraste con ilusión. Horas para que personas extrañas te saquen de ella, de tu hogar.
Sientes un vacío tremendo cuando tu esquema familiar se fragmenta por una separación. Si no hay hijos es más fácil. El corazón endurece y se asume de forma más rápida. Pero sí los hijos están, una parte de tu corazón se resquebraja.
De igual forma tu corazón se fragmenta en pequeños trozos, cuando debes renunciar a la persona amada. Por imposición, o por no dañarte más.
El dolor, la tristeza y el sufrimiento nos sobrevienen de muchas maneras. El trabajo que hay que hacer es continuar hacia delante, en todos los casos. La vida continúa y hay que avanzar todos los días un poco más. Es necesario buscar las fuerzas para conseguir escapar.
Hoy es mi día cero. Hoy no cuenta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario