17 junio, 2017

Decepción vs Confianza

Aquel que no haya conocido la decepción en su vida, puede considerarse afortunado, o quizá no. Hay varias emociones por las que resulta necesario pasar por ellas porque pueden ayudarnos en nuestro crecimiento interior. La decepción es una de ellas y siempre la vivimos de forma dolorosa y sintiendo que algo  construido se derrumba. Cuando aparece en nuestra vida lo único que nos queda es aprender la lección que nos viene dada con esta experiencia.

La confianza va muy unida a la decepción. Es la parte contrapuesta. Y confiar, es algo que a determinadas personas, cuesta bastante.  Por eso es necesario incrementarla poco a poco, porque uno no confía en alguien a primera vista, ni siquiera al cruzar la primera palabra. La sociedad, tal y como está impuesta, junto a las experiencias pasadas que hayamos vivido hacen que vayamos con precaución ante una presencia desconocida. Tampoco es aconsejable ir en guardia de forma constante, tener siempre esta actitud quemaría demasiadas energías en nuestra mente.

Para confiar en alguien es necesario que también pongamos de nuestra parte para que la otra persona pueda sentirse con el ánimo de confiar en nosotros. Y esta comienza por compartir pensamientos, o quizá vivencias que demuestren como somos en realidad. Cuando uno decide confiar, o demostrar ese rasgo hacia otra persona no son válidas la mentira, ni la manipulación porque estaremos reflejando una imagen que no es real, una que hemos confeccionado para ese momento, o esa persona en particular. A primera vista puede funcionar. Partimos de cero y la otra persona sólo ve lo que mostramos, sin poner en duda que seamos, o no así. Pero más adelante, siempre aparecen ligado a sus actos pequeños detalles que hacen dudar sobre las palabras de la persona que tenemos delante nuestro. Contradicciones inocentes que denotan de forma natural que la duda aparezca y nos haga pensar que sea cierto, o no lo vivido y compartido hasta ese momento.

Existen personas que aprenden la propia mentira que desean dar a conocer, o decidan ocultar lo vivido hasta ese momento por miedo a mostrar demasiado y dar apariencia de vulnerabilidad. Eso es algo que debe ser respetado y cada uno debemos valorar si queremos continuar teniendo a esa persona en nuestro círculo, o decidir separarnos de ella para que continúe su camino. No es necesario forzar nada. Cada uno es libre de actuar del modo que quiera si se siente identificado con ese comportamiento. No somos nadie para juzgar, sólo debemos actuar para que ese comportamiento no nos termine infectando de ira, ansiedad, dolor y tristeza. A veces, cuando nos damos cuenta de ello es tarde para volver a retomar nuestros pensamientos, costumbres y vida porque nos resultará más difícil. Por eso es necesario atajar el problema en cuanto aparezca de manera, más o menos, continuada y firme. Pero esto tampoco es fácil.

Dependiendo del grado de compromiso que tengamos con la persona que nos está decepcionando, hay algunas soluciones para este conflicto interno.

Puedes comentar con personas ajenas a la situación, para que te indiquen su punto de vista de manera objetiva. Aunque también corres el riesgo de escuchar como debes actuar para hacer frente a una situación así. Cuando escuchas lo que debes hacer, y no lo que deberías o podrías, debes darte cuenta que la única persona que debe hacer frente a este conflicto eres tú, y nadie más.  El círculo ajeno querrá ayudarte, pero siempre se basará en sus propias experiencias, no en lo que tú has vivido o sentido.

Otra solución factible es continuar con esa persona en tu círculo, aun sabiendo que no todo lo que dice, o hace sea cierto. Es un riesgo que asumes, y que no te aportará nada de cara a un futuro. Con el tiempo cabe la posibilidad de que quieras darte cuenta que tu avance se detendrá cuando estés con esa persona. Que las dudas y la incertidumbre serán tus compañeras de viaje, y que quizá te haga perder otros valores acuñados en tu personalidad como puede ser la autoestima, o la dignidad. De nada sirve esperar que la otra persona cambie porque tampoco se trata de hacer cambiar a nadie. Se acepta, o no. La persona tomó su decisión libremente para comportarse de ese modo con las personas que él eligió. Si decides continuar en este sendero, te agarraras a esperanzas fantasmas que nunca aparecerán, ni siquiera a medianoche. Si te aprecias un mínimo, esta no debería ser la mejor opción.

La decisión más valiente es apartar a esta persona de tu vida. Olvidar las palabras escuchadas, y las contradicciones de sus actos impresos en tu memoria. Hay que sesgar de manera rápida y tajante. Sin dar más oportunidades porque se corre el riesgo de sucumbir de nuevo ante sus mentiras, ante el más mínimo descuido. Hay que tirar de la fuerza interna que alimenta tu espíritu diario para continuar adelante con tu vida. Si se consigue reunir fortaleza, decisión y amor a uno mismo puede ser útil para retomar tu vida, y ser el único dueño de la misma.

Tú decides. 


05 junio, 2017

Límites

Siempre es bueno marcar unos límites basándose en aquello que estás dispuesto a tolerar, o que no toleras bajo ninguna circunstancia.

Los límites físicos marcan las líneas divisorias que los demás no deben traspasar, de esta manera podemos evitar sentirnos atacados en nuestra propia integridad. Tener claro que es lo que permitimos, y lo que no, nos ayuda a ser consecuentes con nuestros actos. Pero ese sencillo, o no tan sencillo ejercicio, no siempre sabemos llevarlo a la práctica. Aquellas personas que cumplen con sus límites establecidos, también tienen momentos de flaqueza en determinados momentos de su vida. Ese punto de debilidad vendrá marcado por la circunstancia que obliga a moderar, o tolerar, una regla que pusimos nosotros mismos. Por esta causa cuando toleramos una pequeña puerta abierta para que otra persona la traspase, debemos estar muy seguros de la decisión tomada para que luego no surjan los arrepentimientos que podrían dañarnos tanto física como emocionalmente. Una regla imprescindible es que debemos ser fieles a los límites que consideremos inalterables. Aquellos que, bajo ninguna circunstancia, debemos permitir. Pero también debemos comunicar con claridad a la persona que quiera traspasar esa frontera, que no nos gusta una determinada actitud ante algo que no es de nuestro agrado.

Los límites emocionales son tan importantes como los físicos, pero quizá sean más difíciles de aplicar. Lo que debemos tener claro es que si sentimos que no estamos bien por cómo se han dirigido a nosotros, o como nos han tratado en un momento determinado, debemos decir aquello que nos molesta para impedir que la otra persona continúe haciéndolo. Comunicar siempre debe ser una parte importante para que los demás puedan saber a lo que atenerse si quieren relacionarse con nosotros. Se pueden tener los límites claros desde el primer momento, pero también pueden ir surgiendo a medida que vamos conociendo a las personas.

De igual modo, podemos equivocarnos al marcar unos límites antes de conocer como es la persona que tenemos delante. Es como si nos pusiéramos una coraza para defendernos de algo que aún no ha llegado. La razón que nos puede llevar a actuar así, puede ser debida a experiencias dolorosas del pasado que queremos evitar a toda costa. Pero estamos errando al presuponer que la persona que tenemos delante va a tener el mismo comportamiento. De nada sirve avanzar en ese sentido, porque estaremos obviando lo más esencial. Conozcamos, y después actuemos en consecuencia.


Los límites existen para una razón determinada. Apliquemos el mismo baremo para aquellos que consideremos importantes para nosotros, seamos tolerantes para aquellos que pueden verse modificados en el transcurso de la vida y, sobre todo, no marquemos sin conocer a lo que nos enfrentamos.

29 mayo, 2017

Control imaginario

Todos creemos saber aquello que puede atentar nuestra salud física, y aun así, muchas veces continuamos andando por la cuerda floja amando la sensación de vértigo que puede proporcionarnos aquello que provoque una sensación placentera. Buscar el placer es sano, pero cuando la cuerda floja corre el riesgo de romperse, es cuando nos damos cuenta y somos conscientes del peligro que acecha. En este punto, es conveniente parar y reflexionar porque siempre tendremos la opción de continuar balanceándonos o bajar para poner los pies en el suelo. Y esa elección, sólo dependerá de nosotros mismos.

Pero cuando lo que nos hace daño se instala en nuestra mente, no es fácil identificarlo. Pasa a convertirse en algo que forma parte de nuestra rutina, de nuestras creencias y termina convirtiéndose en nuestra verdad. Aferrarnos a algo sabiendo que no puede reportarnos nada bueno, es algo que puede ir en detrimento de nuestra salud psicológica.

Acogemos las ideas y pensamientos como nuestros, y el auto-convencimiento está servido. Son muchos los ejemplos aplicados en muchas y diversas áreas de nuestra vida. Lo que inicialmente pudiese comenzar por ser algo que nos hace sentir bien, puede llegar a convertirse en algo más peligroso como una obsesión o una adicción. Conocemos el sentido de ambas palabras, pero aparecen asociadas a otros aspectos dañinos lejos de nuestras vidas. Cuando queremos darnos cuenta del perjuicio que puede derivarnos un pensamiento que convive con nosotros las veinticuatro horas del día, es tarde para reaccionar.

Cuando es una obsesión el pensamiento invade aquello que vemos, leemos y nos llega de manera desesperada en todo cuanto nos rodea. Ese pensamiento se expande para seguir en la creencia de que vamos por el camino correcto, actuando de idéntica forma y con ausencia de riesgo. Cuando se convierte en adicción, ya es algo que necesitamos a toda costa, pese a quien pese. No escuchamos nada que no tenga que ver con lo que pensamos, ni vemos nada que no tenga que ver con nuestra realidad

Vivimos para y por ese pensamiento y buscamos similitudes en todas las vivencias que llegan a nosotros. No nos paramos a pensar en las consecuencias, porque el ensimismamiento ya circula por nuestras venas. Forma parte de nosotros. De nada sirve que queramos dar a entender a las personas que nos rodean que todo está bajo control. Nos aferramos a la mentira para no admitir que hay un problema. Los actos desdicen la negación de nuestras palabras y no somos conscientes de esa realidad.  


Y cuando esto no se asume, cuando llegamos a este punto, nuestra mente se encuentra sumida en unos estadios característicos de una enfermedad. Aquella que ha conseguido anular nuestra voluntad, convirtiéndonos en simples marionetas vulnerables y fáciles de manejar, siempre que obtengamos aquello que nos reporta placer imaginario y siendo, en realidad, un derrumbe de nuestra mente y un desgaste progresivo de nuestro cuerpo.

25 mayo, 2017

Todo pasa y todo llega

Sí, va por ti. Por imaginar que, algún día, la tormenta pasará. Por intentar vivir cada día arrastrando el sufrimiento, y ocultando el dolor para no aparentar debilidad. Por sentir vergüenza y odio cuando lloras. Por intentar buscar las respuestas a los porqués de tus pensamientos. Por sentirte vulnerable, herido y engañado.
Sólo piensa que el tiempo utilizado en reparar tus heridas, esta bien hecho. Sólo piensa que llegará el día que te hará sentirte liberado, sin malas hierbas que atenacen tu corazón, y con la esperanza de una vida mejor en tu alma.
No es fácil, pero si superable. Confía en aquellos que te quieren, que te admiran, que te siguen sin dilación y que te entienden, comprenden y respetan.
Aprende a combatir los pasos retrocedidos. Asume las enseñanzas de la vida y plántate con fuerza ante la adversidad.
Destierra de tu mente aquello que te daña, poco a poco, sin presiones ni prisas. El arco iris espera salir cuando tú se lo indiques. Cuando quieras deslumbrarte con sus colores hasta cegarte. Cuando la opresión de tu pecho salga liberada sin arrastrar cadenas imaginarias. Todo llegará, mientras tanto, vive absorbiendo pequeñas bocanadas de sonrisas. Aquellas que te lleguen hasta lo más hondo de tu ser. Disfruta de todo aquello que te resulte placentero. Déjate arrastrar por las sensaciones que te hacen sentirte vivo y respira tranquilo pensando que el final del túnel, cada vez está más cerca.

16 mayo, 2017

Libertad

Qué piensas cuando escuchas esa palabra? El significado de esta palabra, puede ser tan diverso y variado como personas hay en la tierra. Todos tenemos un baremo que nos indica donde vemos o sentimos la libertad, y no tiene que ser igual que la sensación que pueda tener la persona que tengas al lado.

La palabra libertad engloba un todo, y es aplicable en muchos  sentidos, actitudes y actos que forman parte de nuestra vida. Es un derecho único que todos tenemos y que forma parte de la personalidad de cada uno.  

Somos seres humanos libres, pero muchos se empeñan en transgredir ese derecho. Si los actos atacan de forma agresiva las libertades de las personas, las leyes creadas para ese fin se ponen en marcha y cuando estas no se cumplen lo primero que se arrebata es la libertad propia. Aún así, en cautividad sigues gozando de ella pero en un sentido más coaccionado, por tanto, su significado pierde valor. Es el precio a pagar.

El ejemplo expuesto es quizá el de peor consecuencia de cara al resto del mundo, pero existen también muchas maneras de coaccionar de forma velada ese derecho. Nadie tiene la potestad de limitar tu libertad. No hay que otorgar complacencia a quien invade tu espacio para intentar adueñarse de tus pensamientos, ideas o comportamientos. No se debe permitir, cuando alguien te dice que hagas esto o lo otro, intentando pensar o actuar por ti. Se pueden aceptar las opiniones y consejos pero en última instancia tú, y solo tú, eres quien debe tomar decisiones y actuar en consecuencia.

Cómo tampoco debe permitirse cualquier atisbo de manipulación con respecto a tu vida. Ante estos ataques indirectos hay que reaccionar, y reivindicar la propia libertad. Debemos aceptar y respetar opiniones distintas, así como los métodos utilizados para resolver o conducir situaciones que se presenten, pero siempre teniendo en cuenta no extralimitarse en la confianza que la otra persona otorgó.

Jean Paul Sartre dijo: "Mi libertad termina donde comienza la de los demás". Cuando leí esta frase por primera vez, no entendí su significado. Pero con el paso de los años comprendí que la libertad va de la mano junto al respeto. Todos podemos actuar en libertad, pero sin perder el respeto por todo aquello que nos rodea e interacciona con nosotros. Así sí podemos actuar, pensar y comunicarnos libremente.

Todos somos libres y, por tanto, podemos actuar en consecuencia, pero eso no da derecho a invadir la libertad del prójimo.

01 mayo, 2017

Prejuicios

Los seres humanos estamos llenos de prejuicios. Viven en nuestra mente y se alimentan de nuestros pensamientos. De manera inconsciente nos asaltan, juzgan y critican aquellas ideas que no coinciden con las propias.

Cualquier suceso que observamos, palabras que escuchamos y actos que vivimos llevan su sello. Todo aquello que pudiera alterar nuestra zona de confort, hace que afloren miedos ocultos que se enmascaran con prejuicios.

Huimos de forma consciente de aquello que pueda dañar nuestros hábitos. Procuramos vivir ajenos, en nuestra mente erróneamente ordenada, de lo que no aprobamos. No todo es válido, ni correcto.

Tenemos la supremacía de la verdad? Nuestros juicios son los correctos? Nuestras críticas corresponden a la realidad? No siempre.

No somos perfectos, afortunadamente. Debemos practicar de manera más asidua la tolerancia. No debemos permitir que nuestro ego se proclame vencedor de batallas dialécticas, cuando la realidad abarca tantas posibilidades.

Practiquemos una apertura de mente ante las situaciones diarias, y eduquemos nuestras palabras para poder dar cabida a ideas y pensamientos diferentes. No pensemos en lo perjudicial, cuando algo es distinto.

No es un ejercicio fácil pero si algo que debemos intentar practicar a diario.

30 abril, 2017

Cambios necesarios

A medida que pasan los años, algunos hábitos y costumbres en nuestro modo de relacionarnos,  se afianzan con fuerza en nosotros. Actos que realizamos de forma automática, denotan que siempre hemos actuado igual a lo largo de nuestra vida. Son rutinas en las que nunca hemos pensado en introducir cambios, porque nos facilitan una solución que se adapta a nuestro modo de vida. 

Pero lo que para algunas personas es rutina, para otras son intentos de conseguir llegar a una estabilidad que les reporte confianza y seguridad. Cuando se carece de ello, su búsqueda no cesa ante la posibilidad de conseguirlo. Cuando vamos en el camino de conseguir aquello por lo que hemos luchado, pensamos que quizá esa vez, el resultado sera otro. A veces se consigue, otras no y seguimos atrapados en un bucle sin saber muy bien hacia donde ir. 

Pensamos en la posibilidad de modificar comportamientos, pero si nos cuesta asimilar los cambios que podamos introducir, aparecen los miedos. Surge el temor de salirnos de la ruta marcada, hacia una dirección que no conocemos. Ese miedo interno nos bloquea, y no permite que salgamos del bucle que hemos establecido nosotros mismos. La mayoría de las veces, tenemos la solución a nuestro alcance, pero no reparamos en ello. Nuestra mente permanece obsesionada por recurrir a los viejos hábitos, aunque sepamos que ya lo intentamos y que no funcionaron pero nos reporta una extraña seguridad. 

Cada ser humano es distinto de otro. Buscamos con afán encontrar alguien que tenga similitudes con uno mismo. Y no pensamos que, quizá, sea bueno que podamos tener afinidad con personas que sean diferentes. Cerramos opciones y vetamos posibilidades. Pero si queremos escapar del bucle que nos mantiene, debemos intentar escoger otra senda aunque no sepamos donde nos llevará.

La intuición puede ayudarnos a discernir en momentos de duda. Esos pensamientos que acuden de golpe a nuestra mente, hay que saber reconocerlos para que no queden ahogados entre la multitud. Es hora de romper la coraza sin miedo a fracasar. De mantener unos baremos que afiancen nuestro modo de comportarnos hacia los demás. No sirve de nada recluirse y aislarse en los propios pensamientos. Como tampoco es válido hacer nuestros los pensamientos de los demás, porque no seremos realistas en la totalidad de las veces. 

Si queremos modificaciones, salgamos y pongamos en práctica. No es bueno permanecer estáticos dejando que la vida pase por delante sin interaccionar con ella. Si continuamos actuando igual ante determinadas situaciones, pese a no haber tenido resultados satisfactorios, seguiremos atrapados. La vida avanza, y el tiempo pasa para no volver. 

Hagamos por introducir distintas variantes, probemos de diferentes formas y si ninguna satisface quizás es una señal para que aprendamos a disfrutar con lo que tenemos. De desterrar la posibilidad de conseguir aquello que pueda reportar infelicidad...

21 abril, 2017

Equilibrio personal

El equilibrio personal se basa en encontrar pequeños puntos de felicidad en todo aquello que vives, sientes y observas. No importa la cantidad, sino la calidad que ofreces y llega hasta ti.

El punto de inflexión parte de uno mismo. Se debe comenzar por dar el primer paso para comenzar a sentirse bien con todo aquello que hagas. Carece de importancia el cuando y donde, porque el tiempo no marca cuando se ha de hacer.

Un pequeño gesto puede ser la puerta que abre un abanico de posibilidades para ello. El arranque debe ser decidido,  sin tener en cuenta la medida. En ese preciso momento, disfruta de todo cuanto hagas y destierra sensaciones perjudiciales que puedan arrebatar una sensación placentera.

La vida te ofrece multitud de momentos que llegan a ti a modo de sonrisas, caricias, guiños, melodías o imágenes. Todo depende de ti. Porque puedes optar por dejarlo pasar, para perderse en un momento rutinario que se pierde en el tiempo, o bien, aprovecharlo y saborear con intensidad hasta el más ínfimo de los detalles.

Amor incondicional

Se define como el amor que entregamos, sin necesidad de esperar nada a cambio. Según como se sienta puede resultar fácil, sencillo, condicionado o imposible. Para aquellos a los que resulte fácil y sencillo, tienen el camino andado no sin sentir fracturas que rompan, o atenacen, sus convicciones más profundas. Aquellos que imponen condiciones o les resulte imposible amar si no reciben su ofrenda en su justa medida, también les quedan muchas experiencias por vivir donde podrán sentir flaqueza en los momentos más seguros. 

Adulamos la palabra y asentimos al pronunciarlo, pero los actos nos implican más de lo que creemos. Amamos lo cercano olvidando lo lejano. Aquello que roza nuestra alma por un instante, resulta ser un sentimiento pasajero. Una lágrima, conmueve hasta el punto de sentir la tristeza en nuestros ojos. Un sufrimiento ajeno, nos permite observar la realidad que cada uno vive, incluso cuando la dolencia llega hasta el centro de nuestro ser, pero dando gracias por no atravesar la misma situación. No nos engañemos. Amar sin condicionantes es algo que cuesta llevar a la práctica. Las circunstancias cercanas se encargan de demostrarnos que no existe un amor que no duela. Sin embargo, la clave se encuentra ahí, justo ahí.

Es agradable sentir un amor pleno, pero resulta difícil llevarlo a la práctica cuando pisamos tierra firme. La realidad se impone en todas las circunstancias, ya sean en menor o mayor medida. Cuando alguien nos daña, no aparece el amor como primera medida a tomar. La indiferencia, decepción y dolor nos guían por el calvario de aceptar para amar sin condiciones. Cuando nos sentimos inseguros, no confiamos en el amor para que nos aporte seguridad. El abismo se encuentra bajo nuestros pies, y no cerramos los ojos para pasar al otro lado, no. Nos aferramos a lo que tengamos más cercano para paliar el miedo a la caída. Y nos aferramos por nosotros mismos, por nuestro genuino amor propio bajo el instinto de la supervivencia.


El amor profundo que podamos sentir, siempre sentirá temor por el devenir de los días. , No lo reflejemos únicamente en el amor de pareja, de hijos, familia, amigos, etc… Existen multitud de maneras de amar, de expresar y de sentir. Y ese amor, lleva unas condiciones marcadas. 

23 mayo, 2016

El alma

Todos tenemos alma. Todos portamos, desde que nacemos, una. Es algo difícil de creer para aquellos que sólo dan consistencia a aquello que sólo sus ojos pueden ver, porque no puede tocarse. Pero el alma no se toca. El alma se siente. Por esa razón, se ubica cercana al órgano que nos hace sentir como humanos, aquel que nos hace sentir la alegría, la pena, la dicha o la desdicha. 
En el transcurso de la vida, el alma permanece intacta, no crece, no madura, es algo invisible que se percibe de forma visible cuando el sentimiento va impreso en nuestros modos de actuar.

El alma siempre sonríe ante la mirada dulce de un niño. Se presta a tomar parte de un juego, cuando esté nos reporta bienestar. Se hunde en lo más profundo de nuestro ser, cuando el dolor nos desgarra las entrañas y nos parte en dos el corazón. En alguna ocasión, el alma se torna oscura cuando nuestros pensamientos o acciones van cargados de ira, maldad o egoísmo. Es la otra cara de la moneda. Aquella que puede demostrarnos que un alma, también puede llegar a ser ruin. Dependerá de nosotros sentir nuestra alma limpia y llena de amor, o bien, sentir oquedades en alguna parte de nosotros mismos, al dañar a otros.

Un alma no es vieja, ni joven, ni siquiera inmadura. Forma parte de nuestro avance y experiencias en la vida. Ella porta recuerdos que nosotros aún no conocemos. Pero cuando vivimos algo que sentimos hasta en lo más profundo de nosotros, decimos que lo sentimos en el alma. Es nuestra fiel compañera, nuestro espejo interno donde debemos reflejarnos para continuar en nuestro avance. Ella nos muestra su sabiduría, sus lágrimas y sonrisas de forma constante. Y por ello, en todo cuanto realicemos, es necesario pedir su presencia. Su esencia. Nuestra esencia. 

No lo olvidemos. Todos poseemos una, y ella siempre nos acompañará. Es el aliento que mantiene nuestras fuerzas. El soporte de nuestros desconsuelos. La chispa que infringe a nuestro rostro, su sonrisa. La luz que transmite nuestra mirada. Se adhiere al interior de cada uno, y vibra con aquello que vivimos y nos llega, a través de los sentidos.


Nuestra alma es nuestra esencia. Aprendamos a amarla porque ella, seamos como seamos, ya nos ama. 

07 enero, 2016

Déjame que te cuente...

Aquellos momentos, serían los primeros de encontrarse a solas después de su separación. Malena sabía que cuando llegasen a la habitación de aquél pequeño y lejano hotel, Mario intentaría atrapar su mirada. Y que ella entraría a formar parte de un juego sin razón cuando intentase rehuir la suya. Sabía que, tarde o temprano, sus ojos le atraparían. Y se sentiría atrapada completamente cuando Mario extendiese sus brazos buscando abrazar y sentir su cuerpo. Ella no iba a negarse a ello. También lo necesitaba.

Como necesitaba que la acompañase mientras cruzaran la pequeña y cálida habitación, ofreciéndole su mano para sentarse en la cama. Allí le miraría a los ojos y le diría:


- Me alegro de verte.

Y él respondería:
- Yo también me alegro de verte.

A continuación, cogería sus manos entre las suyas y continuaría hablando:


- Te añoro, pero ya no sufro por ello. La comunicación entre ambos se cortó, cuando era necesario hacerlo. Las aguas debían volver a su cauce, más tranquilas, más maduras y con lo aprendido de esta experiencia. El sentimiento cercano sigue ahí, lo siento de forma constante pese a la distancia, pero ya no duele.

Tomé mí tiempo de silencio para fortalecerme, para pensar y analizar el tiempo que nos habíamos regalado. Fue dulce, único e irrepetible. Lo vivimos juntos y nadie puede borrarlo de nuestra memoria, salvo nosotros mismos. Comencé a conocerte, y me enamoré. Fui reacia y asustadiza en los principios. Y tú fuiste osado cuando expresaste de forma clara tus sentimientos en una frase de dos palabras. Y fue bonito.
Creo que ya he superado el proceso de extrañarte junto a la tristeza. Y lo creo porque vuelvo a recobrar mi alegría. Me apetece verte y saber de ti, del que hoy es amigo y en el pasado también mí compañero de vida, mí amante, mí amigo...mí todo. Del que puedo continuar aprendiendo y, a la vez, regalarle sonrisas para los momentos más difíciles...

En ese momento, Mario se acercaría e intentaría besar los labios de Malena. Y ella, también sabía, que no pondría ningún impedimento para que aquello ocurriese.

10 noviembre, 2015

Esas piedras del camino

Esas pequeñas piedras que se cuelan en los zapatos, y molestan cuando caminas e intentas avanzar asemejan a esos pequeños obstáculos que sobrevienen en la vida, y que forman contrariedades en tus pensamientos.
Los obstáculos y las piedras, pueden ser de muy diversos tamaños, y de muy diferente consistencia. Si son diminutos no tardas en quitarte los zapatos, sacudir y listo. Como nuevo.

Si son de tamaño medio, puede colarse en tu vida, o en tu avance, por un corto periodo de tiempo hasta que se halle la solución. Pero, y si la piedra es tan grande que entorpece tu camino, hasta el punto de bloquear un sólo paso más? En esta tesitura tenemos dos opciones, bordearla y alejarnos de ella, o bien, buscar herramientas para reducirla a polvo y continuar nuestro camino.

Las pequeñas piedras no interfieren demasiado en nuestro día a día, pero si su tamaño no nos permite avanzar y nos hacen parar, observar y tomar una decisión meditada nuestras costumbres se alteran, modifican y no nos sentimos cómodos.

La vida, pese a que a veces queramos verla así, no es una carrera llena de obstáculos. Quiero creer que es un curso de duración ilimitada que nos enseña a crecer como ser humano, a fortalecernos para que cuando lleguen experiencias de iguales características, sepamos cómo afrontarlas sin miedos y sin dudas. En nuestro camino nuestra mochila va llenándose de vivencias y, precisamente, las que más nos dejan huella, aquellas con las que verdaderamente aprendemos, son siempre las más dolorosas. Algunas lo son tanto que transforman, en cierta medida, nuestra forma de ser y endurecen pensamientos que antaño eran débiles y confiados.
Con este tipo de experiencias se madura a la fuerza porque elimina cualquier atisbo de ilusión momentánea y el zarpazo de la realidad te da de lleno en el rostro.

De cada uno depende bordear o buscar las herramientas para librarnos de la enorme piedra. No puedo deciros qué se siente cuando se bordea y no se afronta, pues todas aquellas enormes piedras que encontré y encuentro en mi camino han sido reducidas a polvo. Algunas con muchísima energía, y otras con descansos intermedios para recuperar fuerzas y continuar.

Lo que sí puedo asegurar es que, cuando la enorme roca es una simple sombra de cenizas... el atisbo de un ave fénix se ve en kilómetros y, lo más importante, se siente dentro de uno mismo.

20 enero, 2015

A mi ángel


Recientemente me han dicho que te llamas Omael. Me gusta pronunciar tu nombre. Es una suave sensación de sílabas que se deslizan por la boca. Sé que yo soy importante para ti, y sin necesidad de pronunciarlo, sabes que tú también lo eres para mí.

Durante toda mi vida he sentido una compañía protectora junto a mí. Ahora sé que eras y sigues siendo tú. No podría explicar con palabras, el sentimiento de profunda certeza por no tener ninguna duda acerca de tus respuestas. No llegan con palabras, pero sé perfectamente cuando me llegan. Es algo que sientes, es algo que se diluye de la forma más natural y cotidiana posible.

Quiero cuidarte de igual forma que tú cuidas de mí. En cuestión de confianza, posiblemente confíe más en ti, que tú en mí. Porque sabes que puedo ser débil en algunos momentos, y porque sé que estarás si te necesito en momentos de flaqueza.

Me cuidas y me proteges. Sin esperar nada a cambio. Sí, sé que esperas que te escuche y que ponga atención en tus indicaciones. Pero la vida, muchas veces, es tan estresante que no da tiempo para parar y escucharte. Me conoces y sabes que como no lo tenga delante, no lo veo. Me muestro ciega dejando que la vida diaria me absorba en todas las vicisitudes que llegan a mi.

Buscaré un tiempo determinado al día para dedicarme a ti. Para ir conociéndonos un poco más. Debo acostumbrarme poco a poco. No hay prisa, sé que tú no te marcharás. Y también sé que cuando nos conozcamos ese poco más, formarás parte de mi vida de forma totalmente natural. Seguiré necesitando de ti, y me seguirá gustando aprender de ti.

Acabamos de conocernos, ¿comenzamos nuestra relación eterna?

17 enero, 2015

Feminidad

Amanece y acaricio mi piel cálida bajo las sábanas. Mi mano se detiene en el cuello, intentando abarcar su diámetro con suavidad. Las yemas de mis dedos acarician cada poro sintiendo la vida que fluye dentro de mí. Al instante, realizan un leve desvío de su ruta para esparcirse en una zona más amplia. Suavemente rozan la piel del pecho y de detienen. Mi mano, estira sus dedos para abarcar la pequeña circunferencia que nota. Pide a los dedos que exploren, que acaricien para transmitir la información al cerebro. Aquella zona ha cambiado, ha bajado su volumen hasta el punto de apenas apercibirse. ¿Qué ha pasado? El cerebro comienza a procesar la información para sugerir una posible respuesta que satisfaga a su mano.

Poca alimentación, ejercicio constante, desgana, falta de ilusión… muchos factores influyen para llegar a esa situación. El cuerpo va retirando sobrantes de forma rápida y el envoltorio se torna más pequeño. Mientras mi mano procesa la información, los dedos continúan sintiendo la pequeña extensión que torna la planicie. Los huesos de sus costillas aparecen marcados en su costado de una forma ilógica.

Aquello pertenecía a un cuerpo femenino y, sin embargo, su visión era masculina. Resultó ser una visión contradictoria. Nunca habían tocado el cielo, pero ahora no llegarían ni a vislumbrarlo. Daba igual la prenda que acogiese esos retazos de piel, nunca se adaptarían por completo a aquellos recovecos escondidos. Imaginó los pensamientos nefastos que siempre escuchó sobre la falta de feminidad, al carecer de un volumen determinado en esa zona tan particular.

Pensó que una mujer no se forma en base a su aspecto físico. Se forma con las experiencias vividas, con los amores amados, con la ternura al observar, con la sensualidad de una mirada, con el deseo del despertar dormido, con una sonrisa bañada de franqueza o con pensamientos propios que no se acallan ante comentarios nefastos.

Recordó sufrimientos y complejos pasados para luchar contra lo no otorgado. Imaginó la multitud de mujeres que acudían, y acuden, a centros médicos para recuperar su autoestima y feminidad... Todo vale si te aceptas. Ella formó parte de ese sueño, pero al final fue una petición ahogada en el tiempo.

Pensó que esa falta de feminidad en su cuerpo sería suplida por otra… 

Día cero.

Rota y desgajada. Así me siento hoy. La ilusión, sí, esa que aflora por mis poros de forma permanente. Hoy se ha ido, hoy me abandonó. Quiero sujetarme al extremo de la cuerda que me ayude a alcanzarla. Pero no puedo. Llevo intentándolo desde bien temprano, pero no hay forma de conseguirlo. Es un día gris, dentro y fuera de mí.

Analizo mis pensamientos una y otra vez, pero lo único que me permite la mente es transmitirme tristeza. Necesito llenar mis pulmones de aire, hasta que ya no pueda más y liberar en cada suspiro el dolor. El dolor por sentirme vulnerable, demasiado vulnerable. Una simple brizna de aire, hoy, puede tumbarme. Puede hundirme un poco más para cerciorarse que me acerco a la tristeza en su cara más profunda.

Quiero luchar por salir, pero mis fuerzas abandonan cada intento. Arrastro mi corazón y lo cuido. Debo fortalecerle, una vez más. Debería estar acostumbrado a estos envites, pero creo que peca de presuntuoso pensando que la zona ya tiene su barrera de seguridad. Esta vez, no ha sido así. Una nueva derrota en la batalla de la vida y en los combates de vivir. Me pregunto sí será la última, de ahí que quiera comenzar desde cero la siguiente barrera. Una zona de auto-protección.  Para curarme en salud de los pies a la cabeza. Algo que, en su día, alguien me criticó.

Es necesario tenerla para no sufrir. Para que salgan sonrisas, en lugar de lágrimas. Para que tu sombra no vaya arrastrándose sin ganas. Para que tu corazón se rearme, de nuevo, y pueda afrontar más combates. Porque, vendrán más. De igual índole, o distinta, pero vendrán.
Todos tenemos combates en la vida, todos. Y aunque el trasfondo no sea igual, hay pocas temáticas. La vida arremete, de vez en cuando, y el reto consiste en superarlo.

Es duro tener que decir adiós a una persona amada, querida, y saber que no volverás a verla en esta vida. Una ausencia definitiva.
Duele cuando ves que te quedan horas para disfrutar de tu casa, esa que has ido pagando con sacrificio y compraste con ilusión. Horas para que personas extrañas te saquen de ella, de tu hogar.
Sientes un vacío tremendo cuando tu esquema familiar se fragmenta por una separación. Si no hay hijos es más fácil. El corazón endurece y se asume de forma más rápida. Pero sí los hijos están, una parte de tu corazón se resquebraja.
De igual forma tu corazón se fragmenta en pequeños trozos, cuando debes renunciar a la persona amada. Por imposición, o por no dañarte más.

El dolor, la tristeza y el sufrimiento nos sobrevienen de muchas maneras. El trabajo que hay que hacer es continuar hacia delante, en todos los casos. La vida continúa y hay que avanzar todos los días un poco más. Es necesario buscar las fuerzas para conseguir escapar.


Hoy es mi día cero. Hoy no cuenta. 

07 diciembre, 2014

Declaración de principios

Me perdería en tu mirada mientras disfrutas de aquello que te hace sentir.
Te abrazaría en los momentos de tristeza donde tus gestos lloran.
Te amaría hasta perder la conciencia y el sentido de la realidad.
Te querría por el placer de hacerlo, sin esperar nada a cambio.
Te divertiría hasta comprobar que tu alma disfruta.
Te extrañaría como si no fuera a verte más.
Te necesitaría como una flor necesita del agua y la luz.
Te acariciaría como si fueras algo sumamente delicado.
Te escucharía como si fueran tus primeras palabras.
Te observaría hasta que el sueño me venciera.
Te sonreiría hasta penetrar en lo más profundo de tu corazón.
Te besaría hasta quedarme sin aliento.

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Me pierdo en tus brazos cuando envuelven mi cuerpo.
Me abrazo a tus sentimientos cuando tu ojos descifran los míos.
Me divierto cuando te comportas como un niño atrapado en el cuerpo de un hombre.
Me sonrío cuando tu elocuencia destierra los malos recuerdos.
Te extraño cuando te sueño y no estas junto a mí.
Te quiero cuando extiendes tus brazos para abrazarme.
Te necesito cuando mi alma llora.
Te acaricio cuando deseo sentir el contacto de tu piel.
Te escucho cuando pronuncias mi nombre.
Te observo cuando tu mirada se pierde en la mía.
Te beso cuando mi mente quiere acariciar tus labios.
Te amo cuando te pienso.


07 noviembre, 2014

Pequeños placeres

Aquella mañana los ojos de Eva buscaron el nuevo día demasiado pronto. Su mente se negaba a adormecer sus pensamientos, y su cuerpo pedía actividad. Se levantó con demasiada pasividad, quizá por llevar la contraria a lo que le pedía su otro yo interno, pero tuvo que claudicar cuando sus pies iban directamente hacia la ducha. Un baño de agua caliente vendría bien para terminar de despertarse y desechar la idea de volver a la cama. 
Mientras se desnudaba, observó su cuerpo de apariencia frágil, un rostro de sobra conocido y unas bolsas sospechosas que asomaban debajo de sus ojos ocultando las cuencas que recordaba haber visto la noche pasada. Retención de líquidos, pensó. Hoy tendría que hacer algo para que esas pequeñas bolsitas desaparecieran y recuperar su rostro normal. 
Luis había madrugado más que ella y sólo recordaba el beso matutino que él le dio mientras ella disfrutaba de la calidez de las sábanas. El chorro de agua caliente cayendo por su melena la sumió en un momento plácido, mientras pensaba en lo que haría mientras Luis llegara. El agua resbalaba por su cuerpo mientras observaba como iba mojando su pequeña anatomía poco a poco. Ante la ausencia de Luis, pensó que no había nada mejor que comenzar el día con un pequeño placer, y la ducha de agua caliente había sido su elección. Mientras duró el ritual del aseo determinó que haría cuando desayunara. Era algo que llevaba tiempo pensando pero que, sin embargo, nunca se había decidido a hacer. El siguiente placer que pudo proporcionarse fue oler a café recién hecho. Años atrás aborrecía el café, pero después de probarlo un día por compromiso fue aumentando su adicción a la cafeína poco a poco. Ahora le gustaba con cuerpo, fuerte y apagando ese sabor con apenas unas gotas de leche. Lo justo para mancharlo. La cocina fue inundándose poco a poco de los olores característicos de una mañana de domingo. Café, tostadas, zumo de naranja recién exprimida... Aún era pronto para que se oyeran las voces infantiles de sus vecinos, y quiso sentir el silencio reinante en toda la casa y alrededores. Otro momento de placer. 
Cuando hubo terminado, fue al dormitorio para elegir el vestuario más apropiado para lo que se disponía a hacer. Unas mallas, un sueter ancho y unas botas cómodas. Miró hacia la ventana. No podría adivinar fácilmente la temperatura del exterior, pero observó que los cristales estaban empañados y eso era indicativo de que fuera, hacía más frío que en casa. Posiblemente añadiría una bufanda y un gorro mientras su cuerpo se estremecía al notar mentalmente la calidez de su abrigo. 
Salió de casa pensando que no había dejado ninguna nota a Luis. Volvió sobre sus pasos y buscó encima del mueble papel y boli para dejarle anotado: "Cariño, estaré en la plaza. Si te apetece, allí te esperaré. Luego ya veremos lo que hacemos. Te quiero."
Esta vez, sí, salió de casa y se encaminó escaleras abajo sin pensar en lo que podría surgir de aquella plaza. La calle apenas estaba transitada, la ciudad aún dormía y hacía frío. Alguien tan loco como ella saldría a la calle para nada en concreto, y tanto a la vez. La plaza se encontraba a pocos pasos de su casa. Apenas tardó unos minutos en llegar a ella. Nadie en los alrededores, pésimo plan, pensó. El ruido de unas tazas de café alineándose en la barra despertó sus ganas de un segundo café. Haré tiempo, pensó... 
Entro en la cafetería y se sentó en una de aquellas sillas vacías que llenaban el local. Dos personas estaban como ella sentados en la barra. Eran dos hombres que conversaban acerca de lo vivido la noche pasada. Uno de ellos mantenía el nivel de conversación con tono normal, mientras el otro balbuceaba palabras sin sentido mientras intentaba explicarle a su compañero de barra que esa noche había conocido a la que podría ser, la mujer de su vida. Su rostro denotaba excitación y, a la vez, la mirada perdida del alcohol. Su acompañante le decía que estaba equivocado, que aquella mujer había pasado de él en toda la noche, y que las copas ingeridas no le habían permitido ver la realidad. Añadiendo que si de verdad le interesaba esa mujer, le demostrara que tenía su número de teléfono. 
El ilusionado buscó entre sus bolsillos, mientras el incrédulo se reía... 
En aquellos momentos entró por la puerta del local otra alma madrugadora con un niño de apenas 6 años de la mano. Ocuparon dos sillas y llamaron al camarero anunciándole un café con leche y un cola-cao. El niño bostezaba mientras su madre echaba el contenido del sobre en un vaso de leche caliente y removía para mezclar. Escuchó como la madre volvía  a solicitar al camarero un croissant a la plancha, mientras le preguntaba a su hijo si tenía hambre. El niño apenas contestó haciendo un pequeño gesto negativo con la cabeza. Su madre le explicó que tenían que darse prisa porque debían coger el bus a tiempo. Ilusionó el despertar del niño adelantándose en el tiempo narrando lo que aquél día les deparaba. Una pequeña reunión familiar donde podría jugar con sus primos. Unos primos que conocería por primera vez. Los ojos del niño de abrieron de par en par ante el miedo a lo desconocido y la cercanía de saber que aquellas personas nuevas en su vida formaban parte de su familia. 
Mientras, los dos compañeros de barra habían llegado al acuerdo del enamoramiento fugaz y los alicientes que pueden depararte otra noche de juerga. 
De repente el teléfono de Eva sonó: 
- Hola cariño - dijo con ternura - estoy en la cafetería de la plaza. Te dejé una nota en casa por si volvías y veías que no estaba. ¿Acabaste ya?... Me parece perfecto. Te espero aquí-.
Mientras guardaba su móvil en el abrigo con una mano, con la otra alcanzaba su taza de café para seguir saboreando aquél momento. En aquel instante, otra vida ajena entraba por la puerta...Una joven con una mochila en sus espaldas, ataviada con vestuario de montaña... 
Todas aquellas personas que comparten momentos fugaces llevan vidas totalmente distintas a las nuestras, o quizá, sabiendo y conociendo lo que cada uno lleva en su mente se podrían encontrar muchas similitudes de tiempos y experiencias vividas. Observar y detenerse a contemplar la multitud de vidas distintas, o semejantes, en nuestro devenir diario era otro pequeño placer que quiso regalarse esa mañana.

28 octubre, 2014

Vidas separadas, vidas cercanas

Caminaba solitario por la calle mientras aspiraba los distintos olores que el ambiente regaba cada paso. Un gato, solitario como él, caminaba al compás que marcaba la oscuridad. Su pelaje negro ocultaba su esbelto cuerpo, mientras resaltaba la mirada felina entre las sombras. Otra alma solitaria que no buscaba compañía, pensó Mario. 
No llevaba prisa, el tiempo se había detenido por un instante, por unos minutos eternos y unas horas que resultaban agradables para disfrutarlas. 

De vez en cuando su mirada se cruzaba con alguna persona que, lejos de sentir el silencio de su alma, caminaba presuroso para llegar a alguna cita programada. El tiempo escapaba hábilmente de las manos, cuando el espíritu no se paraba a a contemplar cuanto sucedía alrededor. 
Aquella noche era callada, los trinos de los pájaros permanecían acallados por la oscuridad. Las sombras ocultaban los pensamientos del trasiego nocturno, y los sueños vagaban libremente en busca de la esperanza. 
Aquél pensamiento le trajo a la memoria su propio sueño. Ese pequeño rayo de esperanza que ansiaba y anhelaba de forma repetitiva en su mente. No existía ni un sólo momento del día que el recuerdo de su pequeña le acompañase en su devenir diario. Su pequeña...

Las circunstancias le habían obligado a separarse de lo que más quería en el mundo. Su hija. Sangre de su sangre. Aquella sonrisa eterna le acompañaba y atenazaba en sus momentos de soledad. Su vida se truncó cuando su pequeño mundo se fracturó de un golpe. María le había confesado que ya no era feliz junto a él. Ella le confesó que su corazón le pertenecía a otro hombre. El ideal de felicidad se transformó en una pesadilla desde ese momento. 

Ya no más experiencias vividas junto a las dos personas que más le importaban en su vida. No más años de dedicación por intentar se feliz junto a ellas. La estabilidad de hacía unos meses, se tornó en desasosiego. Era un comenzar de cero. La soledad sería su compañía y la felicidad le visitaría cuando tuviera a su hija junto a él. El destino quiso que disfrutar junto a ella, fuera programado en un calendario. No más espontaneidad al volver del colegio, al darle las buenas noches, o al ayudarle con su formación para un futuro. 
El presente, su mujer, un abogado y un juez marcarían las pautas a seguir a partir de ese instante. Se sentía como una marioneta en manos de los demás. Ellos iban a decidir cuando podría estar junto a ella. Su mente y su cuerpo se rebelaban contra todo aquello. 

Tendría que comenzar a vivir con ello. Con la sensación de ausencia. Con un querer y no poder. Con su propia negación para asimilar la sentencia impuesta. 

Era su hija, su pequeña. Un pedacito de cielo que disfrutaba con él en los momentos que compartían juntos. No era justo que las imposiciones le restaran tiempo a aquellos momentos, pero así era y así debía comenzar. 
Llegaría un día que su hija estaría junto a él. Su pequeña crecería y sería consciente de todo el amor que él, su padre, le profesaba. Mientras ese día llegara, su único objetivo sería que ella sintiera su presencia de forma constante, aún no estando junto a ella físicamente. Que sintiera su protección en los momentos de temor, su orgullo en los triunfos conseguidos, y su amor en el día a día. 



26 octubre, 2014

Soledad y Felicidad

La soledad era siempre agradecida en momentos relajados. Le gustaba sentir libertad mientras sentía la compañía del silencio. Amaba la soledad en su hogar, pero sus pensamientos y sensaciones se volvían vulnerables al compartir su soledad con el resto del mundo.

Nunca le gustó salir a dar un paseo sola. En sus paseos se cruzaba con personas que nunca antes había visto, y otras con rostros que resultaban añejos al situarles siempre en el mismo lugar.

Aquella noche desafió sus convicciones y fue a disfrutar de la noche en soledad. La luna aconsejó ciertos caminos para disfrutar de una ciudad bajo su luz. El silencio resultaba volátil siendo atropellado por los vehículos que circulaban. Madrugada en una ciudad empedrada que invitaba a pasear entre sus edificios mientras, en los recovecos de las paredes, silbaban voces alegres que provenían de sus calles. Aquella pequeña ciudad albergaba experiencias dramáticas y sabias. La sabia nueva disfrutaba de la vida sin pensar en amarguras venideras.

Terminaba una calle y comenzaba otra. Dobló la esquina y observó luz con bullicio a lo lejos. Sus pasos fueron acercándose de manera curiosa observando los rostros de las personas que se cruzaba. Jóvenes que disfrutaban de la noche con los amigos. El local estaba lleno y apenas pudo hacerse hueco entre la gente para intentar avanzar. El calor era sofocante y se quitó el abrigo mientras observaba a las personas de su alrededor. En aquellos instantes pensó que no encajaba en aquél lugar.

Mujeres esculturales adornadas de vestidos con destellos de luz y hombres que despertaban en ella mil sensaciones. Tomo la decisión de marcharse de aquél lugar cuando observó que varios ojos permanecían clavados en ella. Sus miradas decían: ¿Dónde vas? Esa mirada inquisitoria acompañada de curiosidad produjo un saludo sonriente por parte de ella.

Dio media vuelta y comenzó a caminar hacia la salida pensando que sería mejor volver a casa. Pocos metros antes de salir se interpuso en su camino un hombre que comenzó a decir su nombre con una sonrisa:

- ¡Hola! Soy Pedro, ¿qué tal?
- Hola, disculpa me marchaba ya.

- Ya veo -sonriendo-. ¿Dónde vas con tanta prisa?
- No llevo prisa -mirando hacia la puerta-.
- Te irás sin decirme siquiera tu nombre?

- Sí. Entre a ciegas y creo que me equivoqué de lugar.
- ¿Por qué? Este sitio está muy bien y, como escucharás, la música tampoco está mal.
- No tengo nada en contra del sitio, ni me voy por la música. Simplemente no encajo en este mundo.
- ¿Qué mundo?
- El mundo de la riqueza donde los esfuerzos no se tienen en cuenta, donde las superaciones personales sólo son los lujos. Un buen coche, un buen acompañante con dinero, lo inalcanzable y vacío que catalogamos muchos...
- ¿No te gusta el dinero? ¿Poseer lujo y todo cuanto sueñas?
- Sería tonta si no me gustara, pero te aseguro que todo esto... no da la felicidad completa.
- La felicidad es algo muy difícil de alcanzar.
- Todo depende de lo que cada uno considere sentirse feliz. El baremo lo pone cada uno de nosotros. Muchas de estas personas se sentirán felices por cuestión material y son afortunadas si también son felices con ellos mismos.
- ¿Dónde quieres llegar?
- No importa –riéndose-, ¿tomamos una copa?, pero antes, ¿me dirás tu nombre?
Marta, ¿puedo irme ya? 



Copyleft. Alzado 2003.
Permitida la reproducción citando al autor e incluyendo un enlace al artículo original.

08 marzo, 2014

El amanecer de la luna

María conducía su coche como venía haciendo desde hacía muchos años a su trabajo. Amanecía y, a la salida de un túnel, la luna apareció frente ella. La observó y dijo calladamente lo linda que estaba. Grande, luminosa, encantadora… Incitaba a mirarla y deleitarse de aquella vista mágica y pensó, en decirle o quizá, pedirle un sueño. Una alma gemela comprensiva, amorosa, honrada para poder amar. Al poco tiempo de esa petición, llegó él. 

Y llegó colmado de amor, generosidad, comprensión, y un sinfín de atenciones que ella nunca había recibido. La barrera de María fue fomentada en el sufrimiento pero fue desapareciendo entre caricias y besos. El sentimiento fluyó de manera indolora amando como nunca antes lo había hecho, respirando y alimentando su alma a diario de vitalidad, amor y plenitud. 

Con el paso del tiempo María estaba convencida de haber encontrado aquella parte fundamental para su vida, el amor, la compañía pero comenzó a darse cuenta de aquello que no vieron sus ojos vedados. El sentimiento luchaba por salir a la superficie y, sin embargo, se escondía cada vez más lejos del corazón. Sus pensamientos derivaban a cómo resolver una situación dolorosa pero acertada. Le amaba pero no podía seguirle en el camino que comenzaron juntos desde que llegó a ella. 

Sucedieron momentos dolorosos que sólo fueron paliados con el sueño. Él se marchaba, con su vida acumulada de pensamientos y arrepentimientos que le llevaban al punto de partida. Ella partía de una situación que no era nueva, y el sentimiento lloró durante muchos días. Arrastró la pena con fuerza y fue marcando un límite para no caer y, también, no sufrir. Acostumbrándose a la vivencia de los hábitos pasados y no llorar. A levantar ánimos y costumbres dejadas en el tiempo que le reportaban satisfacción. Su camino continuaba hacia delante y, pese a desconocer lo que conocería se dijo a sí misma que era necesario rescatar el optimismo, la vitalidad y aquellos tesoros que permanecían hibernando en su interior. 

Un comenzar de cero que ella había decidido. Caminaba hacia su destino.